«Camino y luego escribo»

«Camino y luego escribo»

¡Qué inútil es sentarse a escribir cuando no te has levantado para vivir! Henry David Thoreau Clic para tuitear
¿Qué tiene que ver caminar, en particular, que hace que sea tan fácil de pensar y escribir?

La respuesta comienza con cambios en nuestra química. Cuando salimos a caminar, el corazón bombea más rápido y circula más sangre y oxígeno, no solo a los músculos sino a todos los órganos, incluido el cerebro.

Muchos experimentos han demostrado que después de o durante el ejercicio, incluso con un esfuerzo muy leve, las personas se desempeñan mejor en las pruebas, se forman nuevas neuronas y transmiten mensajes entre ellas.

Cuando damos un paseo, el ritmo de nuestros pies vacila naturalmente con nuestros estados de ánimo y la cadencia de nuestro discurso interno; al mismo tiempo, podemos cambiar activamente el ritmo de nuestros pensamientos al caminar deliberadamente más enérgicamente o al disminuir la velocidad.

Debido a que no tenemos que dedicar mucho esfuerzo consciente al acto de caminar, nuestra atención es libre de vagar, para cubrir el mundo que tenemos ante nosotros con un desfile de imágenes del teatro de la mente. Este es precisamente el tipo de estado mental que los estudios han vinculado.

Donde nosotros caminamos importa también. En un estudio dirigido por Marc Berman de la Universidad de Carolina del Sur, los estudiantes que pasearon por un jardín botánico mejoraron su rendimiento en una prueba de memoria más que los estudiantes que caminaron por las calles de la ciudad. Una pequeña pero creciente colección de estudios sugiere que pasar tiempo en espacios verdes (jardines, parques, bosques) puede rejuvenecer los recursos mentales que agotan los entornos creados por el hombre.

Me parece que en el momento en que mis piernas comienzan a moverse, mis pensamientos comienzan a fluir. Thomas DeQuincey Clic para tuitear

Tal vez la relación más profunda entre caminar, pensar y escribir se revela al final de un paseo, de vuelta en el escritorio. Allí, se hace evidente que escribir y caminar son hazañas extremadamente similares, partes físicas y mentales iguales. Cuando elegimos un camino a través de una ciudad o bosque, nuestro cerebro debe inspeccionar el entorno circundante, construir un mapa mental del mundo, establecer un camino hacia adelante y traducir ese plan en una serie de pasos. Del mismo modo, la escritura obliga al cerebro a revisar su propio paisaje, trazar un curso a través de ese terreno mental y transcribir el rastro resultante de pensamientos guiando las manos.

Caminar organiza el mundo que nos rodea Clic para tuitear

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