Árboles de Dios

Árboles de Dios

Será como árbol firmemente plantado junto a corrientes de agua, que da su fruto a su tiempo, y su hoja no se marchita; en todo lo que hace, prospera. (Sal 1:3)

Dios nos dice que somos plantío Suyo, árboles a las orillas de Sus ríos, Él nos plantó junto a Su Espíritu para estar a todo momento saciados, nos dio raíces (la fe) para estar firmes y no caer, ahora bien; cómo es o ha sido nuestro fruto, ¿perfecto o machucado, sabroso o amargo, multiplicado o disminuido a cada “temporada”?

¿Cómo somos nosotros como árboles? ¿Frondosos o marchitos como árboles otoñales; altos o bajos como arbustos? ¿Hemos renovados nuestra corteza o está seca y áspera, hemos crecido a lo ancho, mostrando nuestros aros de sabiduría o hemos crecido doblándonos? ¿Nuestras raíces (fe) se han extendido para alcanzar más de las aguas (Espíritu Santo)?

Dios nos dice que somos plantío Suyo, árboles a las orillas de Sus ríos, Él nos plantó junto a Su Espíritu para estar a todo momento saciados, nos dio raíces (la fe) para estar firmes y no caer. Clic para tuitear

Será como árbol plantado junto al agua, que extiende sus raíces junto a la corriente; no temerá cuando venga el calor, y sus hojas estarán verdes; en año de sequía no se angustiará ni cesará de dar fruto. (Jer. 17:8)

Seamos, pues, esos árboles perfectos, siempre verdes y frondosos, para dar sombra a aquellos que se mueren por el calor de este mundo, árboles fructíferos para alimentar a aquellos hambrientos de esta vida.

Crezcamos como aquellos árboles de ciudad que pese a los edificios (obstáculos) crecen y crecen, más altos que ellos para alcanzar la luz del sol(a Dios) o hasta como el junco que siendo “pequeño y débil” soporta los fuertes vientos (problemas) y no se quiebra.

Que nuestro fruto sea como el de exportación, el de mejor calidad, porque el sembrador, el viñador, es perfecto y Sus aguas también; así que no hay escusas para ser perfectos.

Seamos, pues, esos árboles perfectos, siempre verdes y frondosos, para dar sombra a aquellos que se mueren por el calor de este mundo, árboles fructíferos para alimentar a aquellos hambrientos de esta vida. Clic para tuitear

Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni SIN FRUTO en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. (2 Pedro 1:8)

¡Ay de mí! porque estoy como cuando han recogido los FRUTOS del verano, como cuando han rebuscado después de la vendimia, y no queda racimo para comer; mi alma deseó los primeros FRUTOS.(Joel 2:22)

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