Fiel y Aprobado

Fiel y Aprobado

¿Cuidarías algo ajeno, de alguien que no da nada por ti, que no te valora, ni te tiene en cuenta; que entre muchos tu eres la última para él.

Cuidarías ese algo hasta poner en riesgo tu propia vida, por algo cambiable o hasta recuperable.

Algo que coloquen en tus manos porque otros tienen algo “más importante” que hacer y que hasta enorgullece; algo que por ser tu la última y única opción quedaste a su cuidado?

Alguien lo hizo…

Su historia me dio el mejor ejemplo a seguir. Alguien que era el último de ocho hermanos, los cuales eran fuertes soldados del rey, alguien que procuro dar siempre lo mejor arriesgando su vida con osos y leones por simples corderos.

Alguien que con sus actitudes llamó la atención de Dios, cuando él ya había designado un rey; un hombre que cambió la historia, diría sin exagerar, del mundo. Cambiando el curso de la historia de Israel, ya que, en todo Judá solo se halló un hombre tan fiel que Dios cambió Su pesar por Saúl para derramar Su Espíritu en aquel joven.

Muchos dirán, pero el señor Jesús tenía que ser descendiente de David; en realidad la profecía decía que el Mesías saldría de la tribu de Judá (Miqueas 5:2), por ende, podría haber sido descendiente de cualquiera de los siete hermanos de David o de cualquier otra familia que fuesen de la tribu de Judá.

Y aun así el ultimo se tornó primero, no por querer serlo o hasta por conocer el propósito de Dios (que no lo sabía); sino porque en él había fidelidad por lo poco que tenía en sus manos, a su cuidado.

Hoy no es tarde para que nazca en algún corazón un David, quizás sea “el ultimo orejón del tarro” el menospreciado, el olvidado por todos, pero aún así el fiel y valiente delante de los ojos de Dios.

No es tarde mientras se diga “hoy” para ser el ungido de Dios, el hombre o mujer conforme al corazón del Altísimo. El elegido para gobernar y guardar los atrios de Su casa (Zac.3:7)

Hoy hay corderos, muchos que necesitan de un pastor; no de un título, sino de un corazón fiel al cuidado de Su rebaño; y ¿será que el mismo Dios, que no cambia ni envejece, no le recompensará como lo hizo con Su amigo David, no lo sentará en un trono y le dará autoridad y poder sobre sus enemigos, muchos años de vida y en abundancia y sobre todo un lugar en Su reino?

Yo tengo plena certeza que sí, y no quedes viendo para tu condición porque Él no ve lo que el hombre ve, porque no es hombre. Mira para el David que hay muy dentro tuyo el cual hizo que Dios te llamara; solo falta hacerte escogido, llamar Su atención, salva almas, cuida fielmente lo que Dios ponga en tus manos, tu carta de presentación, esos corderos.

Mira para el David que hay muy dentro tuyo el cual hizo que Dios te llamara, te escogiera y tórnate el amigo de Dios. Clic para tuitear

Yo digo; Heme aquí Señor… y ¿tú? 

 

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