Recompensa Milagrosa

Recompensa Milagrosa

Cuando el Señor Jesús vio la necesidad que tenía Pedro, él se acercó pidió subir a su bote, predicó lo que el Padre le había mandado y luego suplió aquella necesidad.

Pedro era un pescador, vivía de ello, sustentaba a su familia con el fruto de la pesca,  pero aquella noche no había pescado nada de nada, pero cuando él se dispuso a proveer su barca para aquel desconocido llamado Jesús, recibió su recompensa, el propio hijo de Dios completó lo que le estaba faltando, pero para ello Pedro tuvo que ceder, dejar su cansancio, y esperar que el Señor predicase, pero su intención fue recompensada.

Hoy en día Dios conoce nuestras necesidades, nuestro esfuerzo por alcanzarlas, aunque muchas veces no vemos el fruto de esa ardua labor, aun así, él va a pedirnos más, él va a buscar que cedamos de nuestras herramientas de trabajo para tornarlo una “herramienta” en Sus manos para salvar almas, y luego, como Pedro, recibir la recompensa.

El pescador fue prosperado grandemente, porque cabe aclarar que las recompensas de Dios no son pequeñas, pero aun pese a su nueva prosperidad, Pedro abrió mano de todo lo que él deseaba para ir en pos de la fuente de bendiciones, Jesús, él confió en Aquel que proveería no solo lo necesario para vivir en este mundo, sino que lo fundamental para vivir en Su reino.

Pedro cambió sus sueños personales por los de Dios, aunque el mar siempre fue su vida, y colocó al servicio del Señor Jesús su experiencia como pescador, es decir, sus esfuerzos nocturnos, su perseverancia, su dedicación al trabajo, los mejor para “pescar almas”.

Y cuántos son los que un día Jesús visitó, sanó, liberó, prosperó y hoy no son capaces de usar esa bendición como una herramienta para ganar almas para Su reino; cuántos son los que no logran abrir mano, de aunque sea, una parte de las bendiciones que Dios les dio para llegar a los sufridos; es algo para meditar y cambiar, no podemos amar a dos señores…

Él fue más que recompensado, no midió el gran valor de su nueva prosperidad, sino el incalculable valor de haber sido elegido por el mismo Señor Jesús.

No cambie lo espiritual por una bendición, elija la Fuente de vida eterna.

Foto de cabecera creada por LuqueStock

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