Amor

Amor

Qué rápido llega el amor cuando se le desea y que veloz se va cuando más de él se quiere.
Quizás las prisiones no son hechas para alojar su volátil ser, tal vez de pena moriría y dejaría de cantar al alma sonetos de su autoría.
Casi como una fugaz caricia roza la piel y la colma de placer para luego marcharse en el beso insatisfecho del adiós.
No quedan más que sus enseñanzas y aquella semilla plantada esperando la vida tras la muerte y nacer, brotar como solo la esencia amorosa lo hace y creciendo paso a paso, día a día pasearse entre las paredes de la vida adornando el hogar de los años, siempre libre, siempre de todos, pero nunca siervo de nadie.
Es un presente que da el presente y se tiene mientras se cree y se disfrutan sus desprendidas reglas, su desmedida entrega y su dolida pasión, siempre humilde, sin jactarse de los grandes milagros que producen su presencia, siempre simple y perfecto, siempre listo y dispuesto, sin cadenas, sin prisiones se entrega, lo da todo, lo deja todo y tras dejar su semilla emprende la partida buscando a quienes más sumergir con su perfume magistral y alimentar nuevas almas con plena felicidad.

 

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